jueves, 28 de julio de 2011

TEMPLOS



La actitud de los cristianos primitivos hacia los templos

El mismo templo de Jerusalén, no lo llamó Dios casa y morada porque lo necesitara, sino porque, atendiendo ustedes (los judíos) a Él por lo menos allí, no se dieran a la idolatría. Justino Mártir (160 d.C.)

(Escrito por un crítico pagano del cristianismo) Vamos a tratar de otro asunto. Los cristianos no pueden soportar la vista de templos, de altares ni de estatuas… Los persas comparten ese mismo sentimiento…” Sé de buena fuente que entre los per¬sas la ley no permite edificar altares, templos, es¬tatuas. Se considera locos a quienes lo hacen… El menosprecio de los cristianos hacia los templos, las estatuas y los altares es como el signo y la señal de reunión, misteriosa y secreta, que entre sí intercambian. Celso (178 d.C.)

Valioso era el templo de abajo (en el Antiguo Testamento), pero ahora es sin valor, a causa del Cristo de arriba. Melitón de Sardis (190 d.C.)

La Palabra, prohibiendo todo sacrificio y la construcción de templos, señala que el Todopoderoso no puede ser contenido por ninguna cosa. Clemente de Alejandría (195 d.C.)

Nosotros no vamos a los templos (de los paganos) ni de día ni de noche. Tertuliano (197 d.C.)

(Los cristianos) menosprecian los templos como si fueran casas de los muertos. Marco Minucio Félix (200 d.C.)
¿Por qué (los cristianos) no tienen altares, ni templos, ni estatuas conocidas, por qué nunca hablan en público ni se reúnen a la vista de todos…? Marco Minucio Félix, citando a un pagano antagonista (200 d.C.)

¿Piensas que ocultamos lo que adoramos, porque no tenemos templos ni altares? ¿Qué imagen de Dios voy a modelar, cuando, si bien lo consideras, el mismo hombre es imagen de Dios? ¿Qué templo le voy a construir, si el mundo entero, que es obra suya, no puede contenerlo? Y yo mismo, que como hombre habito holgadamente ¿voy a encerrar a un ser tan majestuoso dentro de un pequeño templo? Marco Minucio Félix (200 d.C.)

Nosotros rehusamos construir templos sin vida para el dador de la vida. Orígenes (248 d.C.)

Primero (nuestros perseguidores) nos ahuyentan. Y aunque estuviéramos solos, perseguidos por todos, y en peligro de ser muertos, guardamos nuestras celebraciones en tales tiempos. Y todo lugar que hubiese sido la escena de los continuos sufrimientos que acontecieron a algunos de nosotros, llegó a ser un lugar para nuestras reuniones solemnes: fuera un campo, un desierto, una barca, una posada o una prisión. Dionisio de Alejandría (262 d.C.)

Había cierto hombre en Frigia que quemó una asamblea entera de cristianos juntamente con el lugar donde se reunían. Lactancio (304-313 d.C.)

Ustedes dicen que nosotros no construimos templos ni adoramos sus imágenes… Pues qué honor y dignidad podemos atribuirlos para elevarlos en la misma posición que la cabeza y Señor del universo… ¿Acaso honramos (a Dios) con altares y construyéndole templos? Arnobio (305 d.C.)


El hombre, verdadero templo de Dios  

Porque ustedes son el templo del Dios viviente. 2 Corintios 6:16
Y, en efecto, hermanos míos, templo santo es para el Señor la morada de nuestro corazón. Bernabé (70-130 d.C.)

Pues inquiramos si existe un templo de Dios: Existe, ciertamente, allí donde Él mismo dice que lo ha de hacer y perfeccionar. Antes de creer en Dios, la morada de nuestro corazón era corruptible y flaca, como templo verdaderamente edificado a mano, pues estaba llena de idolatría y era casa de demonios, porque no hacíamos sino cuanto era contrario a Dios. Mas se edificaría en el nombre del Señor. Atiendan a que el templo del Señor se edifique gloriosamente. ¿De qué manera? Apréndanlo. Después de recibido el perdón de los pecados, y por nuestra esperanza en el nombre del Señor, fuimos hechos nuevos, creados otra vez desde el principio. Por lo cual, Dios habita verdaderamente en nosotros, en la morada de nuestro corazón. ¿De qué manera? Porque en nosotros mora la palabra de su fe, el llamamiento de su promesa, la sabiduría de sus justificaciones, los mandamientos de su doctrina; profetizando Él mismo en nosotros, morando Él en persona dentro de nosotros, abriéndonos la puerta del templo, es decir, nuestra boca; dándonos penitencia, nos introduce a nosotros, que estábamos esclavizados por la muerte, en el templo incorruptible… Este es templo espiritual (el hombre) que se edifica para el Señor. Bernabé (70-130 d.C.)

Ustedes son piedras de un templo, preparadas de antemano para un edificio de Dios el Padre, siendo elevadas hacia lo alto por medio del motor (instrumento) de Jesucristo, que es la cruz, y usando como cuerda el Espíritu Santo. Ignacio (105 d.C.)

Hagamos todas las cosas considerando que Él vive en nosotros, para que podamos ser sus templos, y Él mismo pueda estar en nosotros como nuestro Dios. Ignacio (105 d.C.)

Mantengan su carne como un templo de Dios; amen la unión; eviten las divisiones; sean imitadores de Jesucristo como Él mismo lo era de su Padre. Ignacio (105 d.C.)

Y que nadie entre ustedes diga que esta carne no va a ser juzgada ni levantarse otra vez. Entiendan esto: ¿En qué fueron salvados? ¿En qué recobraron la vista si no fue en esta carne? Por tanto hemos de guardar la carne como un templo de Dios; porque de la misma manera que fueron llamados en la carne, serán juzgados también en la carne. Segunda de Clemente (150 d.C.)

Por eso dice que la carne creada es templo de Dios: “¿No saben que son templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno violase el templo de Dios, Dios lo destruirá; porque el templo de Dios es sagrado, y éste son ustedes.” Abiertamente llama templo al cuerpo en el cual habita el Espíritu. Así como dice el Señor: “Destruyan este templo, y en tres días lo resucitaré. Y esto lo dijo refiriéndose a su cuerpo.” Pero no sólo sabe que nuestros cuerpos son templos, sino que son templos de Cristo, como cuando dice a los Corintios: “¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo? ¿Y tomaré los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta?” Ireneo (180 d.C.)

Por eso quiere que nuestra carne sea templo puro, para que el Espíritu de Dios se deleite en él, como el esposo en la esposa. Ireneo (180 d.C.)

La ley… ya no mandará guardar un día de reposo al que todos los días observa el sábado, es decir, al que rinde culto a Dios en el templo de Dios que es el cuerpo del hombre y practica siempre la justicia. Ireneo (180 d.C.)

Nuestros cuerpos son templos de Dios. Si alguien profana el templo de Dios con deseos lascivos o pecado será destruido; pues está actuando de modo impío con el verdadero templo. Hablando de templos en este sentido, el mejor y el más excelente fue el cuerpo puro y santo de nuestro salvador Jesucristo… Él les dijo: “Destruyan este templo y en tres días lo levantaré. Esto hablaba del templo de su cuerpo.” Orígenes (248 d.C.)

Hemos de portarnos como templos de Dios, para que sea una prueba de que el Señor habita en nosotros. Cipriano (250 d.C.)
Constantino permitió la destrucción de las iglesias que consisten simplemente en paredes que otra vez pueden ser levantadas. No obstante, ha preservado el verdadero templo de Dios que es el cuerpo del hombre. Lactancio (304-313 d.C.)

La iglesia, el verdadero templo de Dios, no consiste en paredes. Más bien en el corazón y la fe de hombres que creen en Él y son llamados fieles. Lactancio (304-313 d.C.)


LA AUTORIDAD MAXIMA: LA PALABRA DE DIOS


Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more?    2 Samuel 7:5

El Dios que hizo todo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.   Hechos 17:24-25
  
Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Juan 2:19-21

si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta:
    El cielo es mi trono,
    Y la tierra el estrado de mis pies.
    ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor;
    ¿O cuál es el lugar de mi reposo?
    ¿No hizo mi mano todas estas cosas?
!!Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.   Hechos 7:48-51
 
Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación.   Hebreos 9:11
 
Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios.  Hebreos 9:24
 
¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:
    Habitaré y andaré entre ellos,
    Y seré su Dios,
    Y ellos serán mi pueblo. 
2 Cor 6:16
 
Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el señor.   1 Corintios16:19
 
¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.
1 Corintios 3:16-17

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
1 Corintios 6:19

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.  Efesios 2:20-22



BENDICIONES

FUENTE: www.laiglesiaprimitiva.com

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