jueves, 25 de agosto de 2011

EVANGELISMO

EVANGELISMO


Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. Mateo 24:14 

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Mateo 28:19 

Si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo. Colosenses 1:23 

Los apóstoles recibieron el evangelio para nosotros del Señor Jesucristo… y confirmados en la palabra de Dios con plena seguridad por el Espíritu Santo, salieron a proclamar las buenas nuevas de que había llegado el reino de Dios. Y así, predicando por campos y ciudades, por todas partes, designaron a las primicias (de sus labores), una vez hubieron sido probados por el Espíritu, para que fueran obispos y diáconos de los que creyeran. Clemente de Roma (30-100 d.C.) 

Te acordarás noche y día del día del juicio, y buscarás cada día las personas de los santos. Ya predicando la palabra, y caminando para consolar y meditando para salvar un alma por la palabra, ya ocupado en oficio manual, trabajarás para rescate de tus pecados. Bernabé (70-130 d.C.) 

La obra no es ya de persuasión, sino que el cristianismo tiene mas poder, siempre cuando sea aborrecido por el mundo. Ignacio (105 d.C.) 

No seas partícipe en las obras malas; sino más bien predica en contra de ellas. Ignacio (105 d.C.) 

Entonces el ángel me dijo a mí: “Pórtate como un hombre en este servicio; declara a todos las poderosas obras del Señor, y tendrás favor en este ministerio.” Hermas (150 d.C.) 

Aquella poderosa doctrina, que sus apóstoles, partiendo de Jerusalén, habían de predicar por todo el mundo, y que nosotros, aunque está decretada y preparada la muerte para todos los que enseñan o confiesan resueltamente el nombre de Cristo, la abrazamos y la enseñamos por todo el mundo. Justino Mártir (160 d.C.) 

Entre nosotros fácilmente podrán encontrar personas sencillas, artesanos, que si de palabra no son capaces de mostrar con razones la utilidad de su religión, muestran con las obras que han hecho una buena elección. Porque no se dedican a aprender discursos de memoria, sino que manifiestan buenas acciones: no hieren al que los hiere, no llevan a los tribunales al que les despoja, dan a todo el que pide y aman al prójimo como a sí mismos. Atenágoras (175 d.C.) 

Porque no está nuestra religión en cuidados discursos, sino en la demostración y la enseñanza de las obras. Atenágoras (175 d.C.) 

No estoy acostumbrado a escribir ni domino el arte de hablar; pero, impulsados por el amor, exponemos a ti y a los tuyos las doctrinas que hasta ahora se mantenían ocultas y que por la gracia de Dios ahora salen a la luz del día: “Nada hay escondido que no se descubra, y nada oculto que no llegue a saberse.” Te suplico que no me pidas que te escriba con un arte que no he aprendido, porque vivo entre los Celtas y de ordinario tengo que expresarme en una lengua bárbara; ni tengo la facilidad de un escritor, pues no me he ejercitado; ni sé hablar con discursos elegantes o persuasivos; sino que te suplico recibas con amor lo que he escrito con amor, de manera sencilla, sin más adornos que la verdad y la sinceridad. Ireneo (180 d.C) 

Pero ellos (los herejes), y a mi juicio con toda razón, no quieren enseñar abiertamente a todos, sino sólo a quienes pueden pagar bien por tales misterios. Pues estas cosas no se parecen a aquéllas de las que dijo el Señor: “Den gratis lo que gratis han recibido.” Ireneo (180 d.C) 

¿Qué médico, si quiere curar al enfermo, le da la medicina que a éste le gusta y no la adecuada para devolverle la salud? Y que el Señor vino como médico de los enfermos, él mismo lo dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se arrepientan.” ¿Cómo se aliviarán estos enfermos? ¿Y cómo se arrepentirán los pecadores? ¿Acaso manteniéndose en su estado? ¿No será más bien por un cambio a fondo y alejándose de su anterior modo de vivir en la transgresión, que provocó en ellos esa grave enfermedad y tantos pecados? Ireneo (180 d.C.) 

Porque en todas partes la iglesia predica la verdad, y es el candelabro de las siete lámparas que porta la luz de Cristo. Ireneo (180 d.C.) 

La prueba más grande del amor de Dios hacia el hombre es que, a pesar de conocer perfectamente la desvergüenza de este pueblo reacio y rebelde, lo llama al arrepentimiento, y exclama por boda de Ezequiel: “Hijo de hombre, tú habitas entre escorpiones; háblales, si es que te escuchan.” Clemente de Alejandría (195 d.C.) 

La palabra de nuestro maestro no permanece sólo en Judea, como lo está la filosofía en Grecia. Al contrario, es difundida por todo el mundo, en toda nación, pueblo y ciudad. Clemente de Alejandría (195 d.C.) 

(Los apóstoles) así fundaron iglesias en cada una de las ciudades, y de éstas las demás iglesias tomaron luego el retoño de la fe y la semilla de la doctrina, como lo siguen haciendo todos los días para ser constituidas como iglesias. Por esta razón éstas se tenían también por iglesias fundadas por los apóstoles, puesto que eran como retoños de las iglesias apostólicas. A todo linaje se le atribuyen las características de su origen. Y así todas estas iglesias, tan numerosas y tan importantes, se reducen a aquella primera iglesia de los apóstoles, de la que todas provienen. Todas son primitivas; todas son apostólicas, puesto que todas son una. Tertuliano (197 d.C.) 

Los cristianos no descuidan posibilidad alguna de sembrar el evangelio en todas partes de la tierra. Algunos se han afanado por recorrer no sólo las ciudades, sino también los pueblos y aldeas para convertir a los demás al culto de Dios. Nadie dirá que hicieron esto con afán de enriquecerse, ya que muchas veces ni siquiera aceptan lo necesario para su alimento; y si alguna vez se ven forzados a ello por su necesidad, se contentan con lo necesario, por más que muchos quieran compartir con ellos y entregarles más de lo necesario. Orígenes (225 d.C.) 

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