miércoles, 19 de octubre de 2011

CATOLICOS: PERSIGAMOS A LOS HACEDORES DE MALDAD

Persigamos a los verdaderos hacedores de maldad

 

Aunque varios papas fueron monstruos malvados, la Iglesia nunca excomulgó ni castigó a ninguno de ellos por sus asesinatos y por su libertinaje. Los únicos casos en que los papas eran retirados de sus cargos era cuando sus adversarios los mataban o los quitaban del cargo mediante la fuerza.

Por otra parte, mientras la Iglesia hacía caso omiso de la corrupción y la maldad que se practicaba en su seno, perseguía a los “herejes” con toda su fuerza. La Iglesia los torturaba salvajemente y los metía en mazmorras húmedas, oscuras y horribles. La Iglesia también asesinó a herejes, a menudo de la manera más espantosa posible. Algunas de las víctimas de la Iglesia realmente defendían errores doctrinales, en algunos casos se trataba de errores terribles. Otros eran buenos católicos cuyo único delito era cuestionar la autoridad de Roma. Muchos “herejes” eran verdaderamente cristianos del reino que sólo trataban de obedecer a Cristo.

Uno de los estatutos germanos promulgados en el año 1215 es muy representativo de las leyes medievales aprobadas en contra de los herejes:

Donde se cree que las personas son herejes, ellas deberán ser acusadas ante la corte espiritual, ya que en primer lugar deben ser enjuiciadas por los eclesiásticos. Cuando sean declaradas culpables, serán presentadas ante la corte secular, la cual las sentenciará adecuadamente. Lo cual significa que serán quemadas en la hoguera. 

Si, por el contrario, el juez los protege, o si les concede exenciones ilegales y no los condena, entonces él deberá ser excomulgado, y de la forma más severa.

Este estatuto continuaba estipulando que incluso cualquier príncipe que protegiera a los herejes o simplemente dejara de procesarlos también sería excomulgado, y todos sus bienes y títulos le serían retirados.

En 1229, el Sínodo de Toulouse aprobó cuarenta y cinco regulaciones sobre cómo debían ser perseguidos y castigados los herejes. Algunas de esas regulaciones eran:

    •  En cada parroquia, ya sea dentro o fuera de la ciudad, los obispos deben ligar bajo juramento a un sacerdote y a dos o más laicos de buena reputación para que diligente, fiel y frecuentemente busquen a los herejes en sus parroquias, en casas individuales sospechosas, en habitaciones subterráneas, en los anexos de las casas y en otros escondites.

    •  La casa donde se encuentre un hereje debe ser demolida y la propiedad debe ser confiscada.

    •  Quienquiera que haya regresado a la Iglesia involuntariamente, por temor a la muerte o por cualquier otra razón, debe ser encarcelado por el obispo.

    •  Todos los miembros de una parroquia deben hacer sus votos ante el obispo bajo juramento de que ellos protegerán la fe católica y perseguirán a los herejes según esté en su poder. Este juramento debe ser renovado cada dos años.

CONTINUA......

BENDICIONES

FUENTE: www.laiglesiaprimitiva.com
Tomado del Libro: EL REINO QUE TRASTORNÓ EL MUNDO de David Bercot.

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